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La
conversación entre Peter Bartlett y Brian Nissen tuvo lugar en
la ciudad de Nueva York. Peter Bartlett es un escritor y dramaturgo
australiano.
P.B.: Personalmente, siempre
me ha parecido problemático hablar de arte, pues, ¿cómo
se puede verbalizar una experiencia visual?
B.N.: Eso es algo que yo
procuro evitar. Verbalizar experiencias visuales puede resultar contraproducente,
en cuanto que es una traducción y racionalización de algo
a menudo intraducible y en ocasiones incluso irracional.
P.B.: Aun así, no
cabe duda de que el artista puede orientarnos acerca de lo que pretende
hacer. Evidentemente, cada artista tiene una manera de proceder, y sus
palabras pueden contribuir a conocer mejor sus intenciones.
B.N.: Cuando alguien preguntó
a Diego Rivera, encaramado en lo alto de un andamio, por qué
llevaba una pistola mientras pintaba sus polémicos murales, contestó
que para orientar a la critica. En cualquier caso, lo que
cuenta no es la opinión del artista, sino la obra; en ella hay
que fijar la atención. Palabra y obra no coinciden necesariamente.
Y, naturalmente, la visión que un artista tiene de su propia
obra está teñida de subjetividad. Por todo ello, yo prefiero
hablar de metodos de trabajo o de que inspira una obra, y cosas así.
P.B.: He observado que
en su trabajo usted utiliza una extensa gama de materiales y formas.
¿Significa eso que los materiales le dictan diferentes métodos
de trabajo?
B.N.: Cada material posee
un lenguaje propio, y hay que tenerlo en cuenta. Así, por ejemplo,
en escultura utilizo un método basado en el concepto del objeto
encontrado. Aquí, la diferencia respecto de otros métodos
radica en que yo hago primeramente los objetos, luego los descubro y,
por último, los agrupo en una obra. A menudo tengo la impresión
de estar realizando un trabajo parecido.al de un arqueólogo.
Es como si las obras estuvieran ya dentro de uno. Pero, antes que nada,
hay que acertar a localizarlas y, después, recuperarlas y sacarlas
a la luz.
P.B.: ¿Significa eso
que el espectador está implicado en una experiencia similar a
la del artista y que, en vez de limitarse a mirar la obra, debe penetrarla
y verla?
B.N.: Exactamente. Mirar
no es ver. En eso consistió la lección de Houdini. Desviar
y engañar nuestras referencias Muchas veces, lo más
obvio es justamente lo mas difícil de ver, pues acostumbramos
a buscarlo donde no está, o no acertamos con la manera correcta.
Recuerdo que, hace ya algunos años, en una tienda de objetos
de magia situada en la calle Princesa, de Barcelona, mientras yo me
dedicaba a curiosear, el propietario estaba mostrando a un cliente una
bonita caja con un rompecabezas dentro. Cuando el cliente se fue, pregunté
al tendero cuánto costaba la cajita, que me tenia intrigado.
100 pesetas, me contestó. Decidí comprarla.
Me la envolvió, pero, así que me disponía a salir,
caí en la cuenta de que no le había preguntado cuál
era el truco. !Ah, si! Pero el secreto le costara 200 pesetas.
Apenas me había recuperado de la sorpresa y dado mi conformidad,
cuando el hombre añadió; Pero no tiene que molestarse
si le digo cómo es. Me eché a reir. ¿Por
qué habría de molestarme? Porque la solución
es tan obvio que a veces la gente se enfada.
P.B.: ¿Cree usted
que las obras de arte, como los rompecabezas, requieren una explicación?
¿Es que acaso poseen secretos que tenemos que desvelar si queremos
cornprenderlas?
B.N.; Considero que la
obra de arte no es necesariamente enigmática. Yo diría
que el arte es un lenguaje; un lenguaje que, en parte, se puede asimilar
por vía intuitiva, pero que, además, hay que estudiar
y aprender como cualquier otro si se quiere llegar a dominarlo plenamente.
Pero, al mismo tiempo, el arte contiene componentes ambiguos e irracionales,
y de hecho éstos revisten a veces gran importancia en el contexto
de la obra del artista.
P.B.: ¿Quiere decir
con ello que el espectador, al igual que el artista, debe resignarse
y aceptar tranquilamente la ambigüedad?
B.N.: La ambigüedad
es una parte esencial de la percepción, aunque, a decir verdad,
lo que resulta ambiguo en una situación no tiene por qué
serlo en otra. Es como cuando entramos en una escalera mecánica
que esta parada. Aunque nos consta que no se mueve, perdemos el equilibrio,
pues, acostumbrados como estamos a su movimiento, no conseguimos superar
esa sensación. De ahí nuestra incapacidad de subirla como
una escalera normal, sin tambalearnos.
P.B.: El encanto de juegos
y rompecabezas se debe, en parte, al factor sorpresa. En un momento
dado, elementos sueltos y dispares se integran en un conjunto coherente
y armónico, y nos regocijamos de haber dado con el truco.
B.N.: Ahí también
aparece el juego de la percepción. Recuerdo que una vez, en México,
un amigo mío encargó una mesa a un artesano. Para facilitarle
el trabajo, le entregó un dibujo realizado en perspectiva. Y,
cuando fue a recoger la mesa, se encontró con que el carpintero
también la había construido en perspectiva,
como aparecía en el dibujo. Dos patas eran más cortas
que las otras, y el tablero era más ancho delante que detrás.
El artesano pensó que su cliente debía estar un poco mal
de la cabeza por encargarle una mesa de la que todo caería, pero,
¿quien era él para contradecirle? Al fin y al cabo, era
su dinero... Mi amigo, por su parte, no pudo hacer otra cosa que despotricar
contra el artesano. Había cometido el error de dar por sentado
que todo el mundo es capaz de interpretar correctamente un dibujo realizado
en perspectiva, cuando la verdad es que leer en perspectiva,
es algo que se aprende.
P.B.: Uno de los aspectos
liberadores del arte moderno consistió en enseñarnos que
hay muchas maneras distintas de ver las cosas. También nos enseñó
a ver el pasado de otro modo y nos concedió plena !libertad para
evocar culturas y periodos, tanto actuales como pasados. ¿Como
ha influido en su percepción esa acción del pasado?
B.N.: El problemausted
lo ha observadoradica esencialmente en cómo se nos ha enseñado
a ver el pasado. Cuando yo era joven se nos enseñaba a venerar
el arte del Renacimiento, y la verdad es que en él había
muchas cosas que a mi, personalmente, me aburría sobremanera.
No me ocurrió lo mismo con el arte de la Edad Media, los primitivos
Italianos y el llamado arte primitivo', manifestaciones que dejaron
en mi una huella mucho más profunda.
P.B.: Usted creció
en Inglaterra, fue educado de acuerdo con su tradición cultural
y ahora reside en Nueva York, pero también ha vivido muchos años
en México. ¿Hasta qué punto ha influido en su obra
la rica cultura de este país?
B.N.: Concretamente, el
arte precolombino ejerció una influencia decisiva en mi obra.
Su conocimiento me llevó a revisar mi manera de pensar, hasta
ta punto que hoy me considero un híbrido cultural.
P.B.: O sea, un artista-abeja.
¡Polinizacioón cruzada, apicultura y horticultura culturales!
En cierto modo, hoy estamos asistiendo a un renacimiento del ideal cosmopolita
del siglo xv111, por más que ahora ser ciudadano del mundo no
es ser ciudadano de Europa, sino bastante más. ¿Le costó
asimilar tradiciones culturales tan dispares?
B.N.: No mucho. Considero
que esa asimilación es más que nada cuestión de
temperamento. Se da o no se da una sensibilidad que encuentra un eco
natural. Se trata de una comprensión intuitiva. Por ejemplo ligue
inmediatamente con el humor Mexicano que, siendo muy especial, parece
en algo al humor ingles en su afición al juego de palabras y
a los albures.
P.B.: ¿Percibe usted
ese eco en su obra?
B.N.: Por supuesto. El
arte precolombino ha ejercido una poderosa influencia en mi obra, y
no sólo en sus aspectos formales sino en un plano más
general. En las sociedades precolombinas, el arte era un elemento esencial
de casi todas las manifestaciones de la vida diaria. Estaba presente
en la medicina, la astronomía, la agricultura, la religión,
las labores hogareñas, etc. En aquellas sociedades, el arte,
lejos de cumplir una función limitada y estrecha constituía
la expresión pública y ritualizada de un sentido mítico
del asombro y el deseo. Entre nosotros, el arte es, por el contrario,
terreno exclusivo de gentes dotadas de cierta sensibilidad. Nos llega
filtrado por museos y galerías, y no afecta a toda la sociedad.Ahora,
el hombre del siglo XX lamenta la sobreespecialización de prácticamente
todos los aspectos de su vida, azote del que el arte tampoco ha conseguido
escapar. Con ello no quiero decir que abogue por un utópico retorno
al pasado, pero sí creo que en ese ejemplo se esconde una importante
lección que deberíamos aprender.
P.B.: Uno de nuestros problemas
consiste en que la ciencia y la tecnología han coartado nuestra
capacidad de reestructurar la sociedad con más imaginación.
El arte, que podría contribuir a esta tarea, parece condenado
a ser, para esa sociedad, un simple pasatiempo o un objeto en el que
merece la pena invertir.
B.N.:
Cada sociedad tiene el arte que se merece, y es muy difícil sustraerse
a este hecho. Pero eso no es asunto del arte. El artista, como cualquier
otra persona, es producto y parte integrante de la sociedad. No obstante,
su misión específica consiste en actuar a modo de caja
de resonancia de las ideas, los sentimientos y las vivencias que se
producen en su entorno, para luego darles forma. A pesar de todas las
presiones, seguirá habiendo artistas con pasión creadora.
Y, una vez más, el artista sobrevivirá a los caprichos
del mundo del arte.
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