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Texto de la Presentación del libro Voluptuario en Rizzoli, New York 1996

VOLUPTUARIO

LAURA ESQUIVEL

La riqueza de las imágenes de Brian Nissen y el deslumbrante texto de Carlos Fuentes inspiran ideas y sensaciones mas sabrosas para sentirse que para decirse. No obstante, intentare poner en palabras algunos pensamientos que el gozo me permite hurtarle a la cachonderia.

Enfrentar el deseo es menos difícil tal vez que hablar de deseo. por eso se explica la necesidad de sustituir el objeto de nuestro deseo por otra realidad sól0 evocada, ausente e innombrable. El deseo asociado con la imposibilidad de mencionarlo produce un caudal de invenciones. Para darle nombre a lo que no puede decirse hemos recurrido a designar al mismo objeto con muchos otros nombres, de esa forma la no menci6n se transforma en mención constante: el objeto ya no es el o su nombre sino todo aquello que lo alude, todo nombre que nos recuerda al nombre.

Todo este juego de complicadas operaciones de reconstrucción ha fascinado a la cultura occidental en mas de un momento de su historia, y ha determinado el rumbo del arte de algunos países en particular como lo expresa Carlos Fuentes: "En las tierras de la necesidad (México y España) (...) Las distancias entre el deseo y su objeto son (o han sido) inmensas. Quizás esta sea la tradici6n mas fuerte y positiva en el mundo indoiberico. Impregna el arte popular, la pintura, y la escritura con una urgencia que estaría ausente si el deseo pudiese cumplirse material, inmediatamente".

Sin embargo, a pesar de la máscara siniestra, el juego de la sustitución del nombre del objeto del deseo ha provocado manifestaciones ricas en ambigüedad y, gracias a su propio carácter vital y voluntario, tales sustituciones se han impregnado con grandes dosis de placer, de juguetona alegría, de espasmos de gusto.

En México, el albur es una de las formas de expresión popular que mas claramente ejemplifican el afán de reconstruir en ausencia el nombre del objeto del deseo. A través de un universo de alusiones, que termina por ser una gran y única alusión de tipo sexual, los genitales masculinos y femeninos sufren un sinfín de metamorfosis hasta quedar en definitiva, inalterablemente sustituidos en nuestra lengua, impregnados instante tras instante en el hablar de todos los días. Los genitales se dicen sin mencionarse, se mastican, se imaginan; los olemos con la palabra que los oculta, los tenemos, por decirlo así, no en su lugar natural sino en la punta de la lengua.

Brian Nissen, extraña mezcla britanico-mexica-hispanica-chilanga nos recuerda con su voluptuario uno de los mecanismos característicos y jubilosos del albur mexicano: 'Nos muestra algo para no mostrárnoslo, nos dice para no decirnos. Alude, sonríe a nuestra complicidad, y los genitales y el placer de los genitales, la mención del placer y los nombres del deseo aparecen y desaparecen en un vertiginoso juego de lenguas, ojos, sal, experiencias cotidianas, alegría de vivir. Porque si el objeto es nuestro deseo, como dice Carlos Fuentes, 'tantalo, tientalo (...) Huye de nuestro alcance", hemos de recrearlo cotidianamente, en cada gesto, en cada acto de nuestra vida diaria.

Entre el cepillo de dientes, el salero y la danza repetida de todos los días el sexo brinca convertido en palabras, en gestos, en sabores, en olores, en nuestra manera particular de meterle el chile a todo lo que nos tragamos, de llenar de connotaciones sexuales lo que comemos a diario.

Decir chile por decir pito, por decir plátano, por decir te sientas, por decir me paro, por decir agárrate, por decir me aprietas, por decir que el sexo está en la boca de todos....ustedes, y se sale en cada palabra, en cada forma de palabra que parezca a lo que deseamos. ' El albur le da alegría a la palabra. Nissen, alburero del pincel o del pincel alburero, le da alegria al ojo, al ojo interno del ojo. Si nos permitimos el juego del albur y el juego de Brian Nissen y Carlos Fuentes, el resultado seguro será el ingreso a lo cotidiano er6tico, a lo espontáneo, primitivo y vital: ser cogidos por la imagen. Ser cogido por la imagen es ser cogido por el t'texto en esta laberíntica red de alusiones en las que el objeto de nuestro deseo nos parece etéreo, se nos pierde de vista aunque nos este mirando y jodiendo y amando.

Brian Nissen nos presenta su versión de esta modalidad de presencias-ausentes dentro de sus imágenes. El erotismo, la voluptuosidad están incrustados en las líneas, en la invocación que producen las líneas. Así, cuando vemos la imagen en la que una figura mete la mano en los pliegues del pantalón de otra figura, por ejemplo, aparece en nuestra fantasía el objeto oculto que deseamos y que sól0 a nosotros nos pertenece. Y así nos comemos el secreto, nos cogemos con lo secreto y somos intensamente felices. Hay que comerse, meterse el sexo por los ojos, por la lengua y por donde se pueda. No en balde en Mexico, bien lo saben Brian y Carlos, los verbos coger y comer lenguaje sinónimos en mas de un caso.

En Carlos Fuentes, el albur desdobla al lenguaje, lo hace terso, lo torna en juego de espejos: aquí aparece lo que allá aparece y ambos significados desaparecen porque las palabras se refieren a un objeto distinto de lo que significan racionalmente. Consiste en decir una cosa para entender otra, o lo que es lo mismo, en escuchar realmente lo que el sonido dice despojado de razones. A través de su vez las imágenes se revelan y se rebelan abriendo un espacio para que el deseo sea mencionado liberando con esto fantasías en la órbita de la represión moral sistemática. Nos ayuda a entender que el juego del albur implica un dialogo, exige un cogerse-comerse al otro, al que escucha, aunque en la ambigüedad de las reglas no este excluido el placer de ser cogido, aunque lo único que nos toque del otro sean las puras peladas, pelonas, peludas palabras.

La invención intuitiva del albur se parece a la culta actitud literaria que hace que un texto contenga dentro de si, por evocación, muchos otros textos: dentro del Quijote, dentro del poema la Tierra Baldía de T.S; Elliot están Budelaire, Dante, Wagner, Shakespeare y otros mas; ¿cuántos Ulises -para mencionarlo con Fuentes- y cuántos Ulises hay en Joyce? Y así otras tantas invocaciones literarias más o menos -conscientes cuya principal función consiste en urdir un juego de presencias fantasmales que, bien jugado tal y como lo hace Fuentes, llenan de jugo, de sabor y de consistencia la creación original.

Tal vez en la relación que existe entre el placer y la expresión del placer por medio del humor, Brian Nissen y Carlos Fuentes han encontrado los misterios y sutiles nexos que unen la cultura britanica con la mexicana. Y con su gran descubrimiento nos ha dejado totalmente sobre-cogidos y mas-turbados que nunca.